
Alisté maletas, preparé un nuevo viaje, y me dispuse a recorrer Montañita
Me traslade hasta la terminal terrestre de Ambato para tomar un bus que me lleve a Montañita. El viaje fue largo por la autopista, que está en perfecta condiciones. El recorrido duró aproximadamente 8 horas. Ya en el lugar se puede sentir la adrenalina, la pasión por la gastronomía y también el amor por el turismo de aventura.
Mi objetivo, descubrir la magia que este lugar posee. Observe un grupo de jóvenes caminaba rumbo a la playa y en sus brazos llevaban unas hermosas tablas de surf, que tenían un bello diseño, forma, tamaño y material. Me ubicaba en la conocida “Ciudad del Surf”, que tiene un monumento al surfista realizado por Gustavo Vargas, una escultura del 2013.
La ubicación geográfica y el movimiento diario de turistas y surfistas (nacionales e internacionales) fueron los principales factores para ser denominada la “Ciudad del Surf”, aquí se realizan campeonatos anuales de surf.
Ahora sí, con todo listo, me dejo cautivar por la belleza natural que posee este balneario, que seduce paso a paso. Disfruto del encanto del mar y de las poderosas e implacables olas que me envuelven en medio de un tranquilo viento.
Los comuneros me cuentan que la designación permite dinamizar el turismo en Montañita y Santa Elena. Montañita además abre sus brazos a actividades de la WSCN, permitiendo que más viajeros se deslumbren con la belleza, clima y gastronomía de este destino. Este espacio turístico se convirtió en el tercer lugar de Sudamérica considerado como tal después de Arica, en Chile, y Santos en Brasil.
A Montañita llegas desde cualquier lugar, para describirlo en resumidas palabras podría decir que esta ciudad me enamoró con su sol radiante, playa deslumbrante y sus calles llenas de vida. Este lugar es un paraíso exótico para disfrutar en familia o entre amigos.
Y si bien el deporte de aventura que más llama la atención es el surf, aquí también comprobé que hay espacio para la práctica del parasailing (un deporte que consiste básicamente en adherirse por medio de un arnés y cordones a un paracaídas en tierra y es atado a su vez a una lancha).
Me anime a realizarlo, la embarcación salió a toda velocidad (previamente me había puesto el equipo completo y con toda la seguridad). Me eleve hasta una altura de unos 30 metros, todo dependía del viento.
Es una experiencia inolvidable, observé a Montañita desde el mar y disfruté de la experiencia de volar -aunque sea por un instante-. Al final del trayecto el descenso fue en el agua, para luego ser transportado en una lancha hasta tierra. ¡Es adrenalina pura!
Al finalizar el día, la naturaleza me brindó la oportunidad de observar un mágico atardecer, disfrutando cómodamente de la caída del sol.
Gastronomía, un deleite al paladar
Caminando encontré un sinnúmero de “carretas” con diseños y colores llamativos, que hacen parar a cualquier transeúnte. Una variedad de ceviches son comercializados con mariscos fresco que van del mar a su mesa. Ostras, conchas, camarones, pescado, pulpo y mixtos, son la variedad que se expenden. Por lo pronto yo aproveché mi viaje para deleitar mi paladar con un “pecado gastronómico”: Un ceviche mixto, una verdadera delicia que no te puedes perder.
Son infinitas las opciones por las que debes visitar Montañita. No es necesario ser surfista. Por las noches luces de colores y música de cualquier ritmo se toma los espacios de diversión, puedes disfrutar de cocteles y sabrosa comida. La libertad que se respira y se disfruta hace de Montañita un lugar especial para enamorarse de la vida, del mar, de las puestas de sol y sobre todo de la naturaleza.